
[a Michu]
La gata herida por la curiosidad
salto los tejados ajenos, lejanos.
Tiene una patita lastimada.
Ella brinca lento, camina paso a paso
llevando su cuerpo a cuesta que va creciendo.
Intenta asomar su cabeza por la ventana abierta
sin hallar nada.
Recorre el lugar
se acerca al cuarto y llama a la puerta,
metiendo la otra patita que le queda
para que la dejen entrar.
Mira atentamente en silencio
planeando acercarse a aquel cuerpo caliente.
Sigilosamente, sin dejar rastro, logra llegar a su encuentro
esperando sentir las manos en su piel
mientras masajea su cobija.
Gata herida por recorrer caminos conocidos, aunque ajenos.
No puede ya con sus locuras, ni brincar
ni dañar el viejo mueble del corredor, ni correr a su primogénita
de su territorio.
Ella espera algún día jugar con las sombras de su cuerpo
ahora cansado.
Gata que espera en las escaleras de aquel oscuro terreno
por aquel cuerpo corriente, por aquellas manos que provocan
que la hacen enloquecer,
reclamando de vez en cuando su abandono.
Viendo caer la lluvia esta la gata, oculta en aquel lugar
donde se esconde los gatos vagabundos
de tiempos lejanos y cercanos, lugar
donde rituales de amor ejecutó en el recuerdo del pasado.
© Ligia Ruiz
08/03/11 22:33pm
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