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Poema I

lunes, 30 de abril de 2012.

GATOS

En tierra lejana, desconocida
se encuentran la gata arisca y el gato negro
en una casa que los adopta
para que pasen la corta estación.

Ella callada, tranquila
observa la pelota que gira
en la penumbra de su soledad.

Él juguetón, loco
tapa la oscuridad de su habitación.

El gato negro se revela ante ella
provocándola con sus maullidos.

Ella lo mira fijamente
analizando la torpeza de sus juegos.

Intenta ignorarlo, si bien provoca
entrar en el juego de este aburrido invierno.

Repentinamente el cuerpo grande y azabache
se siente perdido en el juego que ha comenzado.
Sus peludas patas roza el cuerpo, aún arisco de aquella gata.

Una noche, sólo sus ojos penetran
en el calor fugaz de sus salvajes cuerpos.
En el juego de sus locuras entran
sin querer perder ni dejar la casa donde se refugiaron.

De pronto la casa se iba desvaneciendo
el reloj marcaba la hora de partida.
Los lugares que una vez sus patas pisaron, se desaparecían
sin dejar rastros ni huellas.

El tiempo y la distancia interrumpió sus efímeros jugueteos.

Ahora, los gatos
brincan tejados conocidos, cercanos
encontrándose con antiguos amigos gatunos
descansando en los sillones viejos de su hogar
procurando salir de la rutina, la costumbre
que mata, que aniquila el tiempo que pasa
que vuela y se nos va en este cuerpo cansado, lento.

Ellos (los gatos) recuerdan, extrañan tierras lejanas
en que los juegos los hizo delirar, soñar
pronunciarse en el ronroneo sutil de un toque
de sus patas que intentan aferrarse a esa cuerda, ausente
que perdió sin poder protestar.

Las horas pasan con la lluvia, el sol
que cae sobre su cuerpo peludo
rezonga en el silencio de la penumbra, del frio
de afuera que entra por la ventana
que intentan cerrar los dueños de la casa.

En un encuentro inesperado
recorriendo lugares ajenos, conocidos, cercanos
se cruzan los gatos.

Ya no habrá secretos
entre la gata arisca y el gato negro.

La gata observa, callada
buscando letras que descifren
este corto momento.
Ella percibe su aroma, su mirada siempre triste,
que oculta las penas con una leve sonrisa.

Los maullidos no se hicieron esperar
cubriendo esta ausencia arropada con el silencio
de una distancia estancada en la arena.

...

23:04 09.03.2011 © Ligia Ruiz
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El país de las últimas cosas... Paul Auster

jueves, 9 de febrero de 2012.


"Tu mente parece negarse a formar las palabras, no puedes forzarte a pronunciarlas, ya que aquello que tienes delante no es algo que puedas separar fácilmente de ti mismo. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de aquello que te hiere; no puedes simplemente mirar porque, en cierto modo, cada cosa te pertenece, forma parte de la historia que se desarrolla en tu interior. Supongo que debe ser bueno endurecerse hasta tal punto que nada pueda afectarte nunca más; pero entonces te quedarías solo, tan absolutamente al margen de los demás que la vida se volvería imposible. Aquí hay algunos que logran hacerlo, que encuentran el coraje para convertirse en monstruos; pero te sorprenderá saber qué pocos son. O, para decirlo de otra manera, todos hemos terminado por convertirnos en monstruos pero no hay prácticamente nadie que no guarde en su interior algún vestigio de lo que solía ser la vida."


"Creo que nunca miré el mundo con tanta atención, como en aquellos viajes en tren hacia el norte. Quería que todo me perteneciera, que toda la belleza pasara a formar parte de mí misma, y recuerdo cómo me afanaba en recordarlo, intentando guardarlo para más adelante, atraparlo para cuando realmente lo necesitara. Pero lo curioso es que nada de aquello se quedó conmigo, lo he intentado con todas mis fuerzas, pero de un modo u otro siempre acabo perdiéndolo, y al final todo lo que recuerdo son mis esfuerzos por recordarlo. Las cosas pasaban demasiado rápido, y cuando lograba verlas, ya estaban esfumándose de mi mente, reemplazadas por otras que desaparecían antes de que pudiera verlas. Todo lo que me queda es una neblina, una resplandeciente y maravillosa neblina; pero los árboles, el cielo y el agua, todo aquello se ha desvanecido. Nunca estuvo allí, ni siquiera antes de que me perteneciera."


Auster, Paul (1994): El país de las últimas cosas. Barcelona, España. Anagrama


Paul Benjamin Auster (Newark, Nueva Jersey, E.U., 3 de febrero de 1947- ) es un escritor, guionista y director de cine estadounidense, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. Estudió lengua y literatura inglesa en la Universidad de Columbia, centro del cual se graduó en 1970. En el país galo ejerció labor como traductor de autores franceses hasta su vuelta a los Estados Unidos en 1974. En la Gran Manzana se ocuparía como periodista, escribiendo en “The New York Review of Books” y en “Harper’s Saturday Review”.  A mediados de los años 80 y tras haber escrito poesía y ensayos, Auster debutó como novelista con “Jugada de presión” (1982), escrita con el seudónimo de Paul Benjamin. El mismo año apareció el libro de corte autobiográfico “La invención de la soledad” (1982). Se revelaría internacionalmente como escritor al publicar con éxito “La Trilogía de Nueva York”. Este título engloba una tríada de novelas de intriga conformadas por “La ciudad de cristal” (1985), “Fantasma” (1986) y “La habitación cerrada” (1986).

Posteriormente publicaría libros como “El país de las últimas cosas” (1987), “El palacio de la luna” (1989), “Pista de despegue” (1990), “La música del azar” (1990), “El cuento de Navidad de Auggie Wren” (1991), “Leviatán” (1992), “El cuaderno rojo” (1993), “Mr. Vértigo” (1994), “Smoke” (1995), “A salto de mata” (1997), “Heridas de amor (Lulu on the bridge)” (1999). “Sophie Calle: Doble Juego” (1999), “Tombuctú” (1999), “El libro de las ilusiones” (2002), y “La noche del oráculo” (2003). También ha escrito poemarios como “Cimientos” (1990), un libro de relatos titulado “Creía que mi padre era Dios” (2002), y guiones cinematográficos para “Smoke”, película dirigida por Wayne Wang basada en su propia obra, “Blue in the face” (1995), film co-dirigido por Wang y el propio Auster, quien dirigiría en solitario “Lulu on the bridge” (1999). Otras novelas de Auster son "Brooklyn Follies" (2005), "Viajes por el scriptorium" (2006), "Un hombre en la oscuridad" (2008), "Invisible" (2009), "Sunset Park" (2010) y "Diario De Invierno" (2012).

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La invención de la soledad...

martes, 31 de enero de 2012.


"Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía que haría, ha mantenido esta herida abierta. En ocasiones he sentido su dolor concentrado en mi mano derecha, como si sufriera un desgarramiento cada vez que levanto la pluma y la presiono contra el papel. En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho más que antes no sólo lo veo como fue, sino como es, como será; y todos los días está aquí, invadiendo mis pensamientos, metiéndose en mí a hurtadillas y de improviso. Bajo tierra, en su ataúd, su cuerpo sigue intacto y sus uñas y su pelo continúan creciendo. Tengo la sensación de que para comprender algo debo penetrar en esa imagen de oscuridad, de que debo entrar en la absoluta oscuridad de la tierra."


¡Oh! Tú entiendes
que si acepto
vivir –que parezca
que te olvido-
es para
alimentar mi dolor
-de modo que este
aparente
olvido
puede brotar de un
modo más
horrible en lágrimas, en
algún momento
fortuito, en
medio de esta
vida, cuando tú
te me aparezcas.


"Estas historias en que el mismo niño es el protagonista son quizá las que más le gustan. A. advierte que, en forma similar, cuando él se sienta en su habitación a escribir el Libro de la Memoria, cuenta su propia historia hablando de sí mismo como si fuera otro. Para encontrarse, primero necesita ausentarse, y por eso dice A. cuando en realidad quisiera decir “Yo”, pues la historia del recuerdo es la historia de lo que se ha visto. La voz, por lo tanto, continúa. E incluso cuando el niño ha cerrado los ojos para dormir, la voz de su padre sigue hablando en la oscuridad."


"Como en los experimentos con perros de Pavlov (que, simplificándolos al máximo, demuestran la forma en que la mente establece relaciones entre dos objetos distintos: al final el primer objeto se olvida y por ende se convierte en otro) ha ocurrido algo, aunque no podríamos decir qué es. Quizá lo que A. se empeña en demostrar es que de un tiempo a esta parte él no ha olvidado ninguno de los dos términos y que siempre que su vista o su mente parecen detenerse, descubre otra conexión, otro puente que lo llevará a un nuevo territorio. E incluso en la soledad de su habitación, el mundo ha estado precipitándose sobre él a una velocidad desconcertante, como si de repente todo convergiera en él y le ocurriera al mismo tiempo."


Auster, Paul (1994): La invención de la soledad, Barcelona, España, Anagrama.


Paul Benjamin Auster (Newark, Nueva Jersey, E.U., 1947- ) es un escritor, guionista y director de cine estadounidense, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. Estudió lengua y literatura inglesa en la Universidad de Columbia, centro del cual se graduó en 1970. En el país galo ejerció labor como traductor de autores franceses hasta su vuelta a los Estados Unidos en 1974. En la Gran Manzana se ocuparía como periodista, escribiendo en “The New York Review of Books” y en “Harper’s Saturday Review”.  A mediados de los años 80 y tras haber escrito poesía y ensayos, Auster debutó como novelista con “Jugada de presión” (1982), escrita con el seudónimo de Paul Benjamin. El mismo año apareció el libro de corte autobiográfico “La invención de la soledad” (1982). Se revelaría internacionalmente como escritor al publicar con éxito “La Trilogía de Nueva York”. Este título engloba una tríada de novelas de intriga conformadas por “La ciudad de cristal” (1985), “Fantasma” (1986) y “La habitación cerrada” (1986).

Con posterioridad Auster publicaría libros como “El país de las últimas cosas” (1987), “El palacio de la luna” (1989), “Pista de despegue” (1990), “La música del azar” (1990), “El cuento de Navidad de Auggie Wren” (1991), “Leviatán” (1992), “El cuaderno rojo” (1993), “Mr. Vértigo” (1994), “Smoke” (1995), “A salto de mata” (1997), “Heridas de amor (Lulu on the bridge)” (1999). “Sophie Calle: Doble Juego” (1999), “Tombuctú” (1999), “El libro de las ilusiones” (2002), y “La noche del oráculo” (2003). También ha escrito poemarios como “Cimientos” (1990), un libro de relatos titulado “Creía que mi padre era Dios” (2002), y guiones cinematográficos para “Smoke”, película dirigida por Wayne Wang basada en su propia obra, “Blue in the face” (1995), film co-dirigido por Wang y el propio Auster, quien dirigiría en solitario “Lulu on the bridge” (1999). Otras novelas de Auster son "Brooklyn Follies" (2005), "Viajes por el scriptorium" (2006), "Un hombre en la oscuridad" (2008), "Invisible" (2009), "Sunset Park" (2010) y "Diario De Invierno" (2012).
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José Ángel Buesa

lunes, 19 de septiembre de 2011.


CANCIÓN AGRADECIDA

Gracias, amor, si hiciste que lloviera
en el último instante de este día,
pues, por ser una lluvia triste y fría,
hubo un rayo de sol sobre una hoguera.

Gracias, amor, si tu designio era
que lloviera del modo que llovía
para ofrecerme en una flor tardía
todo el perfume de la primavera.

Gracias, amor, si no la merecía,
gracias, amor, aunque la mereciera;
gracias también por la melancolía.
Que llueve dentro cuando escampa afuera,
y haz que vuelva a llover de esa manera
como llueve en mi alma todavía.



CANCIÓN DE LA BÚSQUEDA

Todavía te busco, mujer que busco en vano,
mujer que tantas veces cruzaste mi sendero,
sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano
y sin que me escucharas cuando dije: «te quiero...»

Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa.
Y ya llega el otoño, y espero todavía:
De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa,
pero sigo soñando que he de encontrarte un día.

Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega,
si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde,
al comprender, de pronto, que lo que nunca llega
nos entristece menos que lo que llega tarde.

Y sentiré en el fondo de mis manos vacías,
más allá de la bruma de mis ojos huraños,
la ansiedad de las horas convirtiéndose en días
y el horror de los días convirtiéndose en años...

Pues quizás esté mustia tu frente soñadora,
ya sin calor la llama, ya sin fulgor la estrella...
Y al no decir: «¡Es ella!» —como diría ahora—
seguiré mi camino, murmurando: «Era ella...»



CANCIÓN DEL AMOR LEJANO

Ella no fue, entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más; y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fue porque la amé de lejos,
como una estrella desde mi ventana...
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor como una cosa ajena
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos sin ser mía,
como el agua en cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía.

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.

Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo...
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más... Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.



CANCIÓN DEL AMOR PROHIBIDO

Sólo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.

Sólo tú y yo sabemos por qué mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío...
Y aún nos arde en los labios algún beso reciente.

Sólo tú y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.

Y así dos orillas tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.



CANCIÓN DE LA LLUVIA

Acaso está lloviendo también en tu ventana;
Acaso esté lloviendo calladamente, así.
Y mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí.

Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta tu ternura de ayer.
Y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.



POEMA DEL REGRESO

Vengo del fondo oscuro de una noche implacable,
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable,
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto... ¡porque estaba contigo!


POESÍA DEL AMOR IMPOSIBLE

Esta noche pasaste por mi camino
y me tembló en el alma no se que afán
pero yo estoy consciente de mi destino
que es mirarte de lejos y nada más.

No, tú nunca dijiste que hay primavera
en las rosas ocultas de tu rosal.
Ni yo debo mirarte de otra manera
que mirarte de lejos y nada más.

Y así pasas a veces tranquila y bella,
así como esta noche te vi pasar.
Más yo debo mirarte como una estrella
que se mira de lejos y nada más.

Y así pasan las rosas de cada día
dejando las raíces que no se van.
Y yo con mi secreta melancolía
de mirarte de lejos y nada más.

Y así seguirás siempre, siempre prohibida,
más allá de la muerte, si hay más allá.
Porque en esa vida, si hay otra vida,
te mirare de lejos y nada más...



DISCRETO AMOR

Mi viejo corazón toca a una puerta,
mi viejo corazón, como un mendigo
con el afán de su esperanza incierta
pero callando lo que yo no digo.

Porque la que me hirió sin que lo advierta,
la que sólo me ve como un amigo
si alguna madrugada está despierta
nunca será porque soñó conmigo...

Y sin embargo, ante la puerta oscura
mi corazón, como un mendigo loco
va a pedir su limosna de ternura.

Y cerrada otra vez, o al fin abierta,
no importa si alguien oye cuando toco,
porque nadie sabrá cuál es la puerta.



POEMA CRUEL

He empezado cien veces este poema cruel.
Cien veces lo he dejado morir en el papel.
Pero siempre renace bajo las tachaduras
con los ojos malignos, con las manos oscuras.

Me despierta en las noches como un duende perverso,
como una gota de agua, brotando verso a verso.
Me persigue en las calles, me golpea al oído,
y ahora estoy escribiéndolo, para ver si lo olvido.

Es para ti el poema. Y es un poema cruel
por ciertas cosas tuyas que iré diciendo en él,
por todas esas cosas que duran un momento,
que pasan y se olvidan, como el amor y el viento.

Sin embargo, la culpa no fue tuya ni mía.
Fue un viento de hojas secas que soplaba aquel día.
Pero en la pesadumbre de un año y otro año,
te escribo este poema temiendo hacerte daño.

Y, al pensar en las novias que se quedan solteras,
casi preferiría que nunca lo leyeras…
Ya ves que no te acuso. Ya ves que no me quejo.
Y si es cruel mi poema, más cruel será tu espejo.

Tu espejo, el alto espejo, que fue el único amigo
que conoció tus tardes de ir a pasear conmigo,
el único que siempre te decía que sí,
y el único que supo si lloraste por mí…

Tu espejo, que en la gloria que no logró un amante
duplicó tantas veces tu desnudez triunfante
y sabía el secreto final de tu sonrisa
en los viejos domingos de vestirte sin prisa.

Y tu amigo, el espejo, fue un amigo lejano
cuando tu primavera se convirtió en verano
al reflejar tus ojos de mujer sin cariño
y tus labios resecos de no besar a un niño.

El amigo lejano fue un testigo inoportuno
que vio pasar tus días sin amor uno a uno
ya con tu lento paso de mujer olvidada
y una lluvia de otoños lloviendo en tu mirada.

Ah…el otoño de la mujer bonita
que es la viuda de un hombre que no acudió a la cita.
Ver secos los rosales bajo un cielo inclemente
mientras crecen las rosas en la acera de enfrente.

Y así fue que el espejo se empañó una mañana
con tu primera arruga, con tu primera cana
y, al opacarse el brillo de seda de tu piel
ya no te desvestiste nunca más delante de él.

Ah que triste ceniza donde nunca ardió nada
con una fulgente y ardiente llamarada
¡sí cuántas hojas secas,  cuánto tiempo perdido!
para siempre en la sombra, más allá del olvido.

Comprender de repente que se ha vivido en vano
cuando un copo de espuma se evapora en la mano
y aprender en las noches de no dormir siquiera
que la lluvia no sabe llover de otra manera.

¡Ah! pobre amada mía, ya tu boca está triste
de frases que has callado, de besos que no diste.
Y tu vida es inútil, aunque tú no lo digas
como el pozo sin agua y el surco sin espigas.

Eso es todo adorada, yo también estoy viejo
viejo de no olvidarte, viejo como tu espejo.
Y dolorosamente más piadoso que él
terminan los versos de mi poema cruel.



José Ángel Buesa (Cienfuegos, Cuba 1910/Santo Domingo, República Dominicana, 1982) fue un poeta romántico con un claro tono de melancolía a través de toda su obra poética, que es primordialmente elegíaca. Fue también novelista y escritor de libretos para la radio y la televisión cubanas, también fue director de célebres programas radiales en las estaciones RHC-Cadena Azul y CMQ, ya inexistentes. Los últimos años de su vida los vivió en el exilio, y se dedicó a la enseñanza, ejerciendo como catedrático de literatura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña en la República Dominicana.
Sus principales obras son: La fuga de las horas (1932), Misas paganas (1933), Babel (1936), Canto final (1936), Oasis, Hyacinthus, Prometeo, La Vejez de Don Juan, Odas por la Victoria y Muerte Diaria (todas de 1943), Cantos de Proteo (1944), Lamentaciones de Proteo, Canciones de Adán (ambas de 1947), Poemas en la Arena, Alegría de Proteo (ambas de 1948), Nuevo Oasis y Poeta Enamorado (1949). Su libro Oasis (1943) se reeditó en más de 26 ocasiones, así como Nuevo Oasis. Sus libros se agotaban tan pronto salían. Se dice que de un poema suyo fueron los primeros versos que se oyeron en la televisión cubana en el año 61. Catalogado por algunos críticos como poeta menor, cursi y fácil, no obstante podría afirmarse que ningún poeta cubano ha hecho mejor gala del neo-romanticismo americano.
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José Antonio Escalona Escalona

miércoles, 27 de julio de 2011.

A la conquista de la soledad

I

Ahora sé tu nombre verdadero,

isla de soledad reconquistada:

tierra del corazón en el desierto,

residencia del llanto perdurable.


¡Aquí contigo, donde nada crece,

el tiempo es un remanso sin fronteras,

y el espacio un hermético recinto

bajo un cielo sin luz ni movimiento!


El rumor de la vida y de la muerte

y las remotas músicas del mundo

tus límites oscuros no traspasan.


¡Y el silencio delata su presencia

sólo porque en su entraña, prisionero,

oigo mi propio corazón clamante!




Sueño de amor

Perfecto sueño de amor sería

oír las voces del universo

que cantan enamoradamente:

como si no existiera el odio

que vence el poder de la ternura;

como si la ira de los hombres

no ensangrentara cuerpos y almas;

como si en las flores y los frutos

hubiera lozanía perpetua;

como si pudiesen ser amigos

el júbilo y la melancolía;

como si esa luz omnipresente

que define formas y colores

no fuese gemela de la sombra;

como si todos los corazones

merecieran de verdad su nombre;

como si todo dolor no fuera

paralelo alterno de la dicha;

como si las aguas de la tierra

corrieran siempre por cauces puros;

como si la herencia de la vida

no fuera, fatal, la propia muerte.



Cuando Dios dice

«Cuando Dios dice Amor,

Dios dice rosa».

Lo expresas con simplísima elocuencia

porque en la brevedad misma de la rosa

radica la hermosura de su vida

y en símbolo inmortal se transfigura.



Inmóvil

Inmóvil como siempre

me recibes.

Y en tu absorto silencio permanezco.

Tal actitud hierática del cuerpo

es aparente imagen. Muy adentro

del corazón

-timbal de la alegría

y de otros ritmos del sentir-

sigue

sin pausa

el íntimo concierto.


Sólo apariencia –digo- de reposo.

Porque el vuelo

de mi imaginación

en ilusorios giros me lleva

sucesivamente

del inmediato ahora

a lo pasado

y vuelta a lo que es sueño todavía.



Hable el silencio

Escucha

siempre

la exhortación de tus sentires

y las premoniciones de tu instinto

antes de revelar tus pensamientos.

Si no puedes expresarlos

-como ciñe de rumores

la fluvial corriente

las rocas

aflorantes en la mitad del cauce-

detén

el discurrir de las palabras

y que en tu corazón

hable

tan sólo la elocuencia del silencio.



Admoniciones

No digas a tus sueños

ceremoniosamente:

«Buenos días» o «Buenas noches».

Vívelos de verdad a toda hora

y a plena luz o en la absoluta sombra.


Que tus días

lo mismo que tus noches

no sean diferentes de tus sueños.


No preguntes al sol cada mañana

qué rumbo ha de seguir tu fantasía

pues no requiere itinerario

su incoercible libertad de vuelo.


No olvides que el Amor

es la sustancia única, que sacia

la sed y el hambre

de esa felicidad nunca imposible

que en alma y cuerpo todos anhelamos.



REFERENCIA: Escalona-Escalona, José Antonio (2008): Mi campesino corazón te nombra, Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana


José Antonio Escalona Escalona (Sanare, estado Lara, 1917): Poeta, ensayista, crítico, bibliográfico, antólogo. Profesor Titular, jubilado de la Universidad Pedagógica Libertador, Caracas. Realizó estudios en el Instituto Universitario Psicotécnico de Río de Janeiro y de la Universidad de Minas de Gerais (Brasil). La antigua Universidad Abierta de Nueva Cork le confirió el título de Doctor en Pedagogía. Asistió a cursos del Instituto de Cultura Hispánica en Madrid. Ha dedicado buena parte de su vida a compilar la poesía de los poetas venezolanos de todos los tiempos y de los representativos de la poesía Hispanoamérica del Siglo XX (1985). Durante muchos años ejerció la Secretaría ejecutiva de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Actualmente vive en la ciudad de Mérida donde ha escrito sus libros más recientes. Obra literaria: Isla de soledad (1943), Soledad invadida (1947), La inefable compañía (1956), Sombra del cuerpo del amor (1958), Sanare puramente paraíso (1962), Crónica del sueño (1964), El silencio del agua (1974), Los Siete Pórticos Celestes (1976), Cielo y tierra del amor (1979), Ellaspoemas (1980), Angelofanía (1982), Aromario (1983). Como crítico y antólogo de la poesía venezolana y latinoamericana, su aporte ha sido orgánico. Con ello se encuentra: Lector de poesía, Antología General de la Poesía Venezolana (1850-1950), Antología Actual de la Poesía Venezolana (1950-1980), Muestra de Poesía Hispanoamericana del siglo XX (en dos volúmenes de la Biblioteca Ayacucho) y Nueva Antología de Poetas Venezolanos (Nacidos entre 1930 y 1960), editada por Ediciones Solar (Mérida, 2001). Poemas escogidos, (Antología poética de la Colección Hispanoamérica, preparada por David Escobar Galindo, El Salvador, 1983). La Asociación de Escritores de Mérida-Venezuela está preparando la edición de su poemario Casa de la luz primera, bajo el auspicio del Centro Nacional del Libro (CENAL), como celebración, a sus noventa años. (Fuente: III Antología de Poesía, entre Eros y Tánatos, Asociación de Escritores de Mérida, Venezuela, 2006; Poemas Escogidos, colección Hispanoamérica, dirigida por David escobar Galindo, El Salvador, 1983)

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PABLO RIQUELME

jueves, 30 de junio de 2011.



LA VIDA O EL ERROR

“Quiero comprenderlos, no en su grandeza y lucidez, no en su opulencia y felicidad, sino en su miseria y abandono, en sus momentos de crisis y en sus fracasos y errores, en esos errores que nos ponen de espaldas al destino, caídos frente a la historia y a la vida que otros siguen. Y quiero comprenderlos sobre todo desde el corazón y no desde la desdeñosa inteligencia. Amarlos, pero no como seres perfectos, sino como lo que son, defectuosos, es decir humanos. No creo ni doy más crédito que a aquella que es “sentida”.”


CONTEMPLACIÓN


“De nada sirve que trate de ocultarme o de que consuma varios años de mi vida en una u otra actividad. Siempre he de volver, en cualquier momento, a recobrar la lucidez del mundo y su sentido. Parado en una esquina o caminando entre un tumulto de gente, en la entrada de algún Banco o de algún edificio grande, recostado en mi cama o detrás de ese silencio que queda después de hacer el amor. Siempre vendrá a mí, y lo palparé, no ya como en mi juventud, en simples pensamientos, sino como vivencias, como parte de lo que soy, de lo que he sido, de lo que seguiré siendo. Entonces vale tanto una risa irónica y triste que me dé a mí mismo en esa doblez que tengo de mi propio rostro o que me diga sí, ha sido terrible y, sin embargo, no ha sido, puesto que en ningún lugar se verifica, no ha dejado ninguna clase de huellas o rastros. Simplemente ha quedado en mí, como una doblez más de mi rostro, y puedo palparla aquí, al lado de mis labios, en la izquierda, o en mi frente algo ceñida. Nadie lo sabrá, y seguiré viviendo sin que nadie se entere de nada. Siempre es algo, pero siempre, retomando nuevamente la vida con los ánimos de que disponga, me diré que no es nada.”


REFERENCIA: Riquelme, Pablo (1974): La posada, Caracas, Monte Ávila


Pablo Riquelme Senra (Maracaibo, Zulia 1946): Estuvo unos años vinculado a un grupo de jóvenes intelectuales y artistas, denominado La Mandrágora. Es profesor asociado de la Facultad Experimental de Ciencias de La Universidad del Zulia (LUZ) a dedicación exclusiva, y está adscrito al Departamento de Ciencias Humanas. Licenciado en Letras (1970) y con Máster en Lingüística. Obras literarias: La Posada (1974), libro de relatos breves; Rugosa Pared (1985) poemario y, además, Inútil Empeño (1988) textos literarios breves donde, a partir de sus unidades posibles, el autor se nos muestra como un poeta fiel a su destino.


Más información, puede visitar: http://www.legamos.com.ve/escritores_pablo.htm

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Claudia Sierich

lunes, 16 de mayo de 2011.

De partida

Si contra toda esperanza no intentara

Afincarme

En un estremecido,

Montar carpas extrañas

Sobre el enjambre de citas

Si contra toda sensatez no siguiera girando

Lugares comunes,

Irrepetibles donantes de orilla

Sin lado, avanzara vagantes de vano en vano

Si entonces partieras

Que has reunido

Perdieras algo

Todos los días

Del crucero


Avidez

Sólo un gesto de probada locura

De airado desconocimiento

De hondo olvido

También

La avidez por fraguar hacia dónde

Un antiguo vicio de serme

Pudo haber llevado a esto.



Lo he poblado

Agradezco tu silencio.

No interrogo dónde brota qué sostiene

Retoña de mil formas fabulosas

Sombra de un gran tiempo que pasó alucinado

Permanece el espacio de la tierra

De nadie permanece la intermitencia

Del espíritu permanece una forma

De tensión


Claudia Sibylle Sierich Georgi (Caracas, 1963). Lic. en Idiomas por el Sprachen und Dolmetscherinstitut de Munich, Alemania. Cursó una Maestría en Letras Latinoamericanas de la Universidad Simón Bolívar. Es traductora e intérprete del idioma alemán y poeta residenciada en Venezuela. Colaboradora del Foro Literario Austria-América Latina de Viena. Con la presente obra se hizo acreedora del Premio del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, mención poesía, edición 2008. La misma obtuvo en el año 2010, la Mención Honorífica del Premio Municipal de Poesía (Caracas). Fundadora y directora de Festival experimental “Traficantes de palabras”, traficantesdepalabras@gmail.com. Actualmente es Presidenta de la Asociación Venezolana de Intérpretes de Conferencia (2009-2010).


Referencia: Sierich, Claudia (2008): Imposible de lugar. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana


Para saber más, visita este link:

http://www.123people.com/s/claudia+sierich

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